—¡Vamos, Maya! —Casi gritó, tirándome de la muñeca, pero mi cuerpo todavía dolía incluso con los analgésicos y no quería correr.—¡Tomaremos el siguiente! —Gimoteé, tratando de liberarme.—Una mierda que voy a estar esperando por media hora cuando puedo ir ahora. —Contraatacó, tiró de mí de nuevo, y gemí insatisfecha.—¡No puedo correr! —Confesé, pero sin decir la verdadera razón. —Me lastimé el pie cuando bajábamos del tren… Nataly miró la hora en su teléfono, luego resopló violentamente. Cuando pensé que se rendiría y aceptaría que tomáramos el próximo autobús, grité porque, de hecho, puso un brazo debajo de mis piernas, el otro debajo de mi cuello y comenzó a cargarme mientras corría.Sin embargo, tan pronto como me di cuenta de lo que estaba haciendo, y antes de que se alejara de los otros dos que parecían disfrutar de la escena, agarré la manga del abrigo de Ares para que él también corriera, y lo estaba tirando mientras Nataly me cargaba todo el camino hasta la parada de autobús
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