[4 meses después]—¡Vete a la mierda, Nataly! — Grité, furiosa.En respuesta, se rió. Aquella risa alta y exagerada que ya se había convertido en una conocida íntima, así como todas sus manías extrañas.—¡Te dije que no maldijeras delante de la niña, ahora mira eso! ¡Maya no para de decir palabrotas! —Lily, su hermana mayor, se quejaba mientras observaba nuestra ardiente disputa en la máquina de pinball.—¿Y eso no es bueno? —Rebatió mientras pulsaba las teclas furiosamente, así como yo, sin quitar los ojos de la pantalla. —Parece más libre así, menos reprimida.Le pateé la pierna, y dos segundos después el molesto sonido del juego anunció mi derrota.—¡Mierda! —Murmuré, lanzando una mirada más llena de odio hacia el demonio que, después de aquellos meses, terminó convirtiéndose en mi mejor amiga. —¡Hiciste trampa!—Hiciste trampa. —Me imitó, con voz chillina. —Tú eres una mala perdedora.Volteé los ojos y crucé los brazos, cediendo mi lugar a Lily para que ella compitiera con su herm
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