—¿Realmente no entendiste, ángel? —Preguntó Ares, y tuve miedo de encontrar impaciencia en su voz, pero no había nada más que una entonación casi juguetona.—No… —Respondí, un poco torpe—. Me explicas, por favor.Vi a Ares mover el rostro hacia un lado, todavía sereno, mientras repetía el familiar gesto de girar uno de los anillos en sus dedos.—Tus padres no te dejarían venir si dijera la verdad sobre mis motivos para traerte conmigo, así que tuve que pensar en algo mejor.Apreté los labios, todavía tratando de armar el rompecabezas que era entender sus intenciones.—¿Y cuál es la verdad? —Pregunté, ansiosa, con mis ojos atentos solamente a él.Ares parpadeó lentamente, todavía calmado, cuando me miró de nuevo.—Sólo quería pasar un tiempo contigo.No sería novedad decir que sentí mi corazón perdiendo el control, pero juro que, esta vez, todos los efectos de la confesión de Ares fueron diez veces más devastadores que en las otras ocasiones.Y mientras la mitad de mí rebosaba de alegr
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