Hablé con Ares un poco más de tiempo, hasta que finalmente tuvo que renunciar para volver a hacer algo relacionado con su trabajo.
En el último mes desde que nos despedimos en Sevilla, esto se ha convertido en una rutina. Y hablo de enviar mensajes de texto con él, a veces algunas llamadas furtivas, pero también de mi constante preocupación por sus horarios.
Resulta que descubrí que sus pocas horas de sueño cuando estábamos en ese piso no fue un caso aislado. Trabajar o estudiar hasta tarde en