—Está bien, puedo manejarlo. —dijo, y vi que su rostro se ponía un poco más serio mientras miraba hacia otro lado por un rato antes de volverse para mirarme. —Sé que mi humor puede ser incómodo para muchas personas, pero no tengo nada en tu contra, Maya.
Entrecerré los ojos, un poco desconfiada. —¿Por qué estás hablando como una persona normal? —Pregunté, todavía desconcertada.
Chasqueó la boca y se impulsó para caminar hasta el banco y sentarse a mi lado.
—No sucede muy a menudo, pero hablo en