Bruno se rió, asintiendo. —Gracias, May.Después de gesticular un adiós a sus padres, finalmente volví al lado de Ares y, a solas con él, me deshice de la sonrisa que me obligué a mostrar a mis amigos y suspiré preocupada.—¿Te vas a quedar aquí en Málaga? —Le pregunté, cruzando los brazos mientras me cubría las manos con las mangas de mi abrigo, tratando de protegerlas del frío.—Pasaré la noche, —Respondió, mirándome con una discreta incomodidad que pude reconocer. —pero necesito regresar a Madrid mañana por la mañana.Por un momento, creí que estaba celosa de verme abrazando a Bruno. Sin embargo, a pesar de que conocía sus celos, Ares nunca trató de obligarme a alejarme de él y, en esa situación más que en cualquier otra, supe que esa no era su mayor preocupación. Por eso llegué a la conclusión de que su malestar era el resultado de mi transparente preocupación, por lo que traté de suavizar mi expresión.—Ah, está bien. No vamos a poder estar juntos, de todos modos… —Dije, tratando
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