Punto de vista de MarianaYelena se quedó inmóvil entre sus manos. Su rostro estaba pálido, sus ojos muy abiertos, su pecho subía y bajaba con respiraciones rápidas y superficiales. No lloró. No gritó. Solo me miró, con la mirada firme a pesar del miedo que podía ver en ella.Sentí un vuelco en el corazón. Me incorporé, con las piernas temblando y las manos en alto."Suéltala", dije. Mi voz salió ronca, áspera.El hombre apretó aún más el agarre. "¡Aléjate!"Dimitri no bajó el arma.Dio un paso adelante. Sus movimientos eran lentos, deliberados, cada paso medido. Su arma no vaciló, el cañón apuntaba directamente a la cabeza del hombre. Su voz, cuando habló, era baja. Firme. Letal."Suéltala."Los ojos del hombre se movían rápidamente entre nosotras. Su brazo temblaba. El cuchillo se acercaba cada vez más a la garganta de Yelena. —La mataré —dijo—. Lo juro por Dios, la mataré.Dimitri no pestañeó.—Si mueves esa hoja un centímetro —dijo—, te haré un agujero en el cráneo antes de que t
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