Mientras tanto, Lydia dudó un momento antes de contestar la llamada de Althea, abrumada por todo lo que ocurría esa noche. Pero desde hacía un buen rato, una inquietud persistente no le daba tregua. No podía librarse del miedo de que algo terrible hubiera pasado.Afuera, la lluvia no cesaba. Golpeaba los ventanales altos de la vieja residencia fortificada de la familia Devereux y sumía la habitación en una atmósfera fría y agobiante.Naomi seguía pálida después de lo ocurrido hacía un rato en el salón. La chica estaba sentada en la cama con las rodillas pegadas al pecho y, de vez en cuando, miraba hacia la puerta del dormitorio, como si temiera que ocurriera otra desgracia.Lydia se quedó mirando la pantalla de su celular varios segundos antes de contestar por fin.—¿Sí, Althea?—Lydia, por Dios. —La voz de Althea llegó tensa y aliviada a la vez—. Por fin contestas. ¿Dónde estabas? Llevo horas intentando localizarte.Lydia cerró los ojos un instante. Aun sin verla, podía imaginar el pá
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