Cale dejó escapar una risa breve, sin nada de humor.
—Peor de lo que imaginaba.
Lydia relajó un poco el abrazo para poder mirarlo a la cara.
—¿Fue por alguien que conozca?
Cale rio.
—Había unos cuantos ancianos que conociste en el banquete. Y ya sabes que la gente mayor habla de más.
Su tono sonaba casual, pero Lydia sabía que se estaba obligando a mantener la calma para no volver a estallar esa noche.
—No has comido, ¿verdad? —preguntó Lydia en voz baja.
—No quiero comer.
—¿Seguro? —Lydia sonri