—El alcalde Harold lo invitó a cenar, señor Daven —dijo Arven cuando ya iban camino al edificio del Grupo TnC en el centro de la ciudad—. Como usted indicó, le informé de su llegada a Solaviz esta tarde.Daven asintió brevemente, sin darle mayor importancia. Podía confiar en Arven para ciertos asuntos, sobre todo ahora que estaba empezando a sentar las bases de un nuevo proyecto en Solaviz.El trayecto hasta el Grupo TnC resultó sorprendentemente fluido. Las calles, aunque llenas de actividad, no estaban atascadas de tráfico. A diferencia de la congestión constante de Aethelis, Solaviz se sentía más tranquila, más amplia. Aquí, al menos, Daven podía respirar un poco más fácil.Pero sus pensamientos no dejaban de volver a lo mismo: el mensaje de Vanessa. Habría sido mentira decir que no lo había afectado. Esa mujer… astuta como siempre, amenazándolo sin un ápice de duda. Era ella quien estaba en falta, y sin embargo, en lugar de buscar cómo reparar el daño, o al menos evitar otro escánd
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