—Ya basta, Vanessa —advirtió Daven con frialdad—. Hablaremos después.
—¿Cuándo? —exigió ella, desbordada por la frustración. Le importaba poco que Karina quisiera sacarla de ahí—. Necesito hablar contigo, ¡y no voy a aceptar que me traten así! ¿Tienes idea de lo que dejé solo para venir?
Daven apretó la mandíbula, al límite de su paciencia. Su mirada se afiló al clavarse en ella.
—Vete. Ahora.
Pero Vanessa no se movió. En lugar de eso, dio un paso más hacia él, con la mirada desafiante e implaca