El amanecer se abrió paso lentamente sobre París, tiñendo el horizonte con una mezcla de tonos dorados y azulados que parecían anunciar un día tranquilo. Sin embargo, aquella calma solo existía al otro lado de los inmensos ventanales del Pent-house Davenport. Dentro de la residencia, el silencio poseía un peso distinto. Era un silencio lleno de pensamientos, de secretos y de emociones que ninguno de los dos se había atrevido todavía a pronunciar. La luz de la mañana se filtraba suavemente por las cortinas, dibujando largas sombras sobre el elegante suelo de mármol, mientras el aroma del café recién preparado comenzaba a extenderse discretamente por cada rincón de la vivienda. Amanda abrió los ojos despacio, tardando algunos segundos en reconocer el lugar donde se encontraba. El recuerdo de la noche anterior acudió inmediatamente a su memoria: la cena preparada con ilusión, la conversación tranquila, la manera en que Jared había permitido, aunque solo fuera durante unos instantes, que
Leer más