Habían pasado tres días desde la noche del faro, pero para Alma, el tiempo se había detenido en el instante en que sus ojos leyeron el código "Lockwood-001".Miami seguía bajo una humedad sofocante tras la tormenta, y la nueva casa de seguridad en Coconut Grove se sentía como una jaula, Iván apenas dormía, se movía por los pasillos como un león enjaulado, coordinando con Ricardo y Clarice la ofensiva final contra un Alister que, aunque acorralado, seguía siendo una serpiente venenosa desde su escondite.Alma, por su parte, vivía en un estado de melancolía profunda.Observaba a Kira y Leo jugar en el jardín y sentía un nudo en la garganta que no la dejaba respirar, cada vez que veía a Elena abrazar a los niños, el pecho le dolía por el peso de la verdad.Elena jugaba con ellos, e Iván creía ser el protector, sin que supieran que el hilo rojo de la sangre los unía de una forma tan macabra como milagrosa.— Necesito verla, Iván — dijo Alma esa mañana, con una voz que no aceptaba réplicas
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