La mansión de Coral Gables, con sus techos altos y sus suelos de mármol importado, se había transformado en un mausoleo de lujo, el silencio no era de paz, sino el de una guerra fría, bajo el régimen del Contrato Original, cada interacción entre Iván y Alma era una coreografía de precisión quirúrgica y cortesía gélida.Desayunaban juntos por el bien de Kira, pero sus ojos nunca se encontraban, hablaban de logística, de seguridad y de horarios médicos y escolares, pero el aire entre ellos pesaba como el plomo.Para Iván, ver a Alma moverse por la casa como una extraña eficiente era una tortura de goteo lento ella ya no usaba los perfumes que él le había regalado, olía a jabón neutro, a la mujer que alguna vez fue en Hialeah.Cada vez que él intentaba rozar su mano al pasarle una taza de café, ella se retiraba co
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