RaquelPor un segundo no recordé nada de lo que había pasado.Luego abrí los ojos, entrecerrados y doloridos, y tomé conciencia del lugar.Esquinas oscuras. Tuberías goteando. El aire olía a humedad, como si estuviéramos a kilómetros bajo tierra. Intenté levantar la mano para apartarme el cabello de la cara, pero no pude. Tenía las muñecas atadas.—Mierda —susurré, sacudiendo los brazos contra la silla—. Mierda, mierda—.Una pierna pálida llamó mi atención. Me giré y vi a Andrea desplomada en la silla a mi lado.El estómago me dio vueltas, amenazando con devolver el poco desayuno que había probado esa mañana.—Andrea —manteniendo la voz baja—. ¿Estás…?Respiré hondo, repitiéndome a mí misma que estaba viva, que íbamos a salir de ahí.Cuando aún me hablaba a mí misma para mantener la calma, hubo movimiento a mi otro lado. Me giré de golpe y mis hombros protestaron doloridos contra las ataduras.Un sollozo escapó de mi pecho.—Claudia.Estaba sentada frente a mí, con las manos atadas de
Leer más