Capítulo 87. Atrapada.
La noche, que ya era un manto de caos y agua, se volvió tangiblemente hostil cuando el impacto brutal contra la puerta de su departamento hizo temblar las paredes. El celular de Camila, que sostenía con fuerza mientras escuchaba la voz de su padre, un frágil hilo de cordura en medio del pánico, salió volando de su mano como un pájaro herido. Cayó al suelo con un golpe sordo, la pantalla agrietándose en una telaraña blanca, pero milagrosamente, la llamada seguía activa, transmitiendo ahora al otro lado sus gritos de terror y el ruido de la intrusión.Camila no esperó a ver las caras de quienes entraban. No hubo tiempo para el reconocimiento, para la amenaza verbal. El instinto de supervivencia, primitivo y agudo, tomó el control absoluto de su cuerpo. Mientras el teléfono, desde el suelo, llevaba el asalto a los oídos impotentes de Bruno, ella se arrastró por el piso, alejándose de la puerta principal, y se lanzó como un felino aterrorizado hacia la única salida posible: la pequeña
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