Capítulo 88. Secuestrada por el Rey blanco.
El interior de la camioneta blindada era un universo aparte. Afuera, la tormenta azotaba la Ciudad de México con furia bíblica, pero adentro, el silencio era absoluto, sellado herméticamente contra el caos.
El aire acondicionado mantenía una temperatura perfecta, purificada, con un leve aroma a cuero virgen y cítricos caros.
Camila, encogida contra la puerta, levantó la vista esperando ver la mueca sádica de Rogelio Montero o el cañón de un arma. Pero no. El hombre sentado en el asiento de cue