En un rincón apartado de los jardines reales, protegida por altos setos de rosas blancas que filtraban la luz del sol se desarrollaba una de las reuniones más hipócritas y cargadas de veneno de la capital.Lysandra, vestida con un traje de encaje dorado que gritaba opulencia, sostenía su taza de porcelana con una elegancia ensayada. Frente a ella, sentada con una rectitud imperial, se encontraba Sofía.Aunque técnicamente era la amante del rey Teo Dan, Sofía se movía, vestía y ordenaba con la autoridad de una reina legítima.Su presencia era imponente; llevaba un vestido de seda escarlata que combinaba perfectamente con el abanico de un rojo intenso que agitaba rítmicamente, ocultando media sonrisa que nunca llegaba a sus ojos calculadores.— Debo decirte, Sofía, que la vida en el ducado es... interesante — comenzó Lysandra, dejando escapar una risita de suficiencia — Sebastian es un hombre difícil, no lo negaré, pero ha caído ante mis encantos mucho más rápido de lo que todos pensaba
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