Durante los días posteriores a la boda, el palacio entero permaneció envuelto en el movimiento constante de preparativos y despedidas. Las criadas iban y venían por los corredores cargando cofres, cajas y prendas cuidadosamente dobladas, mientras Nayla revisaba una y otra vez todo aquello que debía llevar consigo antes de abandonar Ford.Sobre la cama de su alcoba se acumulaban vestidos, joyas, libros y pequeños objetos personales que habían formado parte de su vida desde hacía años. Sin embargo, Giskar le había dejado muy claro que no necesitaba preocuparse demasiado por la ropa.Le había explicado que en Sios el clima era completamente distinto. A diferencia del frío intenso de Ford, donde la nieve y el viento obligaban a utilizar telas gruesas, capas pesadas y prendas confeccionadas con pieles, en su territorio predominaban las temperaturas cálidas.Por esa razón, insistió en que podía llevar únicamente aquello que considerara indispensable, pues al llegar le mandaría confeccionar
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