Sigrid no dejó de sostenerlo. Mientras Asherad se desmoronaba, dejando salir tantos años de autocastigo, sus manos recorrieron con suavidad su espalda ancha, dibujando círculos lentos como si intentara deshacer, con cada caricia, los nudos que la culpa había tejido en su interior.Después deslizó los dedos hacia su nuca y se quedó allí, acariciando su cabello con una ternura profunda, ofreciéndole consuelo sin prisas, permitiéndole vaciar todo aquello que había reprimido durante tanto tiempo.—Alfa… —dijo con suavidad, sin apartarse—, usted no tiene por qué sentirse así. A decir verdad, me duele pensar que durante todos estos años haya vivido cargando culpa por esto. No lo entiendo… ¿Por qué cree que lo que hizo fue cruel? ¿Por qué dice que no puede perdonarse, si lo único que hizo fue salvarme la vida? Usted arriesgó su posición como Alfa por mí. Arriesgó su autoridad, su reputación, todo lo que representaba dentro del clan. ¿Cómo puede llamar a eso crueldad?La voz de Sigrid era rea
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