En la Toscana italiana, Paolo revisaba un cargamento especial; este era el mejor vino que se había producido en el viñedo e iba a ser enviado a alguien muy importante, así que todo debía estar perfecto.—¿Paolo?El joven levantó la vista y miró, buscando a la persona que le había hablado.—¡Vania! ¿Qué sucede? ¿Todo bien?—¡Eh, sí! Solo quería pedirte si podías cuidar a Felicitas hoy por la tarde.—Hmm… Sí, supongo que sí, ya solo debo revisar este último cargamento y tendré la tarde libre. ¿Sucede algo?—No, no, solo tengo algo que hacer.—Ok, sí, sin problema.—Bien, gracias!—Por cierto, tu madre llamó esta mañana, dijo que te comunicaras lo antes posible con ella.—Sí, sí, ya lo hice… —dijo Vania con algo de nervios.—Bien, termino esto y paso por Felicitas.—Está bien…—Y si vas a salir, sin problema puedes pedirle al chofer que te lleve a donde necesitas ir. —dijo Paolo, imaginando que se trataba de algo médico o algún compromiso de ese estilo.—Sí, gracias, aunque no creo que se
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