Adrien abrió los ojos de sobremanera, pues a Luciano le dijo que ya había hablado con Adele, pero la verdad era que no, no le había dado tiempo. —¡ADELE! Oye, cariño, ¿me permites un momento…? —dijo Adrien levantándose de su silla, llevándose a la niña nervioso. Laura vio la acción y se quedó un tanto intrigada por aquello. Adrien, al ver que Laura no estaba a la vista, dijo: —Cariño, ¡por favor! ¡Por lo que más quieras! No le vayas a mencionar nada sobre tu tío a tu mami. ¡Eh! Esto es un secreto de vida o muerte, no podemos decirle a nadie sobre eso, por favor, recuérdalo, a nadie, ni a tu mamá, recuérdalo, recuérdalo. Cuando sientas la necesidad de decirlo, solo grítame y yo iré en tu ayuda, ¿ok? —Pero… —¿Por qué no puedo? —preguntó la menor haciendo un puchero al no comprender lo que su padre le pedía. —Porque la vida de tu tío depende de que no digamos nada; si decimos algo, él, tu tía y el bebé se tendrían que ir de aquí. Adele abrió los ojos asustada. —¡NO! Ellos
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