Luciano despertó en la madrugada, sintió el calor que Amelia emitía bajo sus brazos. La luz de la luna se colaba por el amplio ventanal, lo que permitía que pudiera ver las delicadas facciones de aquel su rostro. Amelia, mientras dormía, lucía tranquila y en paz, no mostraba los mismos signos de horror que había visto por la mañana. Luciano, al admirarla, se percató de algo más, algo en aquel rostro había cambiado. Aquel rostro, por alguna extraña razón, poseía un brillo que no sabía de dónde había salido, no lo quería aceptar, pero lo que había sucedido hoy no había sido producto de un engaño, había sido real. Lo que le había dicho era cierto, sus sentimientos eran verdad, no sabe de dónde sacó el valor para decirlos, para aceptarlos, pero lo hizo. Todo aquello dicho era verdad, al igual que el pánico que sintió al pensar que ella se fuera y mandara todo al demonio. Pasó largo rato observándola y pensó en el futuro, honestamente, no sabía si esto funcionaría, no sabía si en algún
Leer más