Punto de vista de AdrianLa Torre Norte se erguía contra el cielo nocturno como una lanza de acero y cristal, fría e impersonal. Las luces de seguridad barrían las fachadas cada pocos segundos, creando patrones predecibles que, gracias a la presencia de Nadia, podíamos romper. Caminábamos con paso firme pero discreto, tres sombras entre las sombras de la ciudad baja. Damien iba delante, yo cerraba la marcha, y Nadia en el centro, con las mangas largas cubriendo cualquier rastro que pudiera delatarla.Mi corazón latía con fuerza, no solo por el peligro inminente, sino por ella. La había visto cambiar en las últimas horas: más calmada, más dueña de sí misma, negociando con esa cosa dentro de su cabeza como si fuera una aliada incómoda en vez de un invasor. Parte de mí se alegraba. Otra parte, más oscura, temía que cada “acuerdo” fuera un paso más hacia algo irreversible.«Puntos ciegos listos en treinta segundos,» transmitió Nadia en voz baja, repitiendo las palabras de la presencia. Su
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