Punto de vista de Nadia
La multitud del mercado nocturno nos tragó como una ola viva y caótica, un remolino de cuerpos, luces y olores que por un instante nos hizo sentir invisibles. Luces de neón parpadeaban en rojo, azul y dorado sobre puestos de comida humeante —brochetas chisporroteantes, dumplings dorados, noodles que se cocinaban en woks gigantes—, mientras vendedores gritaban precios y clientes regateaban con risas y gestos exagerados. El aire estaba saturado de aceite caliente, especias