Punto de vista de Nadia
El túnel olía a humedad antigua y metal oxidado, un olor que se pegaba a la garganta como un mal recuerdo. Avanzábamos en fila india, con Damien abriendo camino y Adrian cerrando la marcha justo detrás de mí. La única luz provenía del débil brillo plateado que aún recorría mis venas, un recordatorio constante de que la presencia no se había marchado. Solo esperaba.
Mis piernas protestaban con cada paso. El entumecimiento que había sentido en la plaza empezaba a disiparse