68. Muertos que aparecen
68. Muertos que aparecenMilán respiraba una elegancia cansada aquella noche. La ciudad brillaba con luces doradas reflejadas en el pavimento húmedo, como si ocultara algo bajo su belleza perfectamente ensayada. Desde el ático que ocupaban —un lugar anónimo, caro, silencioso—, Freyja observaba el Duomo a lo lejos con una copa intacta en la mano. Llevaban dos meses huyendo, saltando de continente en continente, cambiando nombres, rutas, ritmos. Dos meses desde que Elise dejó de ser solo una doctora brillante y pasó a ser un objetivo. Cuatro meses de embarazo. Y, aun así, Freyja estaba convencida de que seguía controlando el tablero.Nero no compartía esa fe.Se apoyaba contra la pared, cerca de la ventana, con los brazos cruzados y la mandíbula tensa. No miraba la ciudad; miraba los reflejos. Las sombras. Los silencios. Llevaba años entrenándose para notar cuando algo no encajaba, y esa noche todo estaba demasiado bien.—No me gusta esto —dijo al fin, rompiendo el murmullo lejano del t
Ler mais