~ALESSIA~Maksim respiró profundamente, pero ni eso ayudó para tranquilizarlo aunque fuera un poco. Sus ojos estaban inyectados en furia, parecía un animal completamente enajenado y creo que si no se hace viera tratado de mí, su esposa, la mujer a la que quería, me hubiera metido dos tiros en la cabeza.—¿Cómo que no es para tanto? —ladró.Sí yo hubiese sido otra mujer, una temerosa, una de esas que solamente agachan la cabeza y se someten a sus esposos, probablemente habría temblado de miedo o hubiese caído muerta por el pánico. Pero yo era Alessia Cardinale, la Koroleva de la Bratva Volkov y no le temía ni a la muerte, mucho menos a mi marido y sus rabietas.Así que una de dos: o moría él en esta batalla, o moría yo. Pero no me iba a quedar callada ni le iba a dar la razón en una estupidez como esa.—No lo es, Maksim —dije con firmeza, alzando más la barbilla, con determinación—. ¿Qué hay de malo en que Mila disfrute su sexualidad como le dé la gana? ¿Qué hay de malo en que quiera e
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