Capítulo 85 No pienso dejarla—Lo he comprobado muchas veces, Leónidas, pruebas caseras, exámenes de laboratorio, yo… no lo puedo creer, fue la última vez que estuvimos juntos —replicó ella, poniéndose en pie con dificultad, mostrándole un papel que tenía en la mano. Por lo que pudo ver él, era un ecosonograma—. He ido al médico. Es un embarazo problemático… mi útero no es estable. No puedo abortar, mi vida correría peligro, pero el bebé tampoco está seguro. Estoy muy asustada.Ella corrió hacia él y lo abrazó con fuerza, ocultando su rostro en el pecho de Leónidas. Él se quedó como una estatua, con los brazos colgando a los costados, incapaz de corresponder el gesto, pero también incapaz de apartarla frente a la mirada de su padre.—¡Maldita sea! —rugió él internamente—. Tú… tú me dijiste que te cuidabas —balbuceó él, con la mente trabajando a mil por hora, buscando una trampa, una mentira—. Yo lo hice. Tomé precauciones. Lo menos que esperaba era esto.—Ningún método es cien por cie
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