Capítulo 95 MalentendidoEl contacto de esas manos, aunque suave, se sintió de pronto ajeno. No era el tacto de Ariana ni su fragancia. Además, Ariana no haría eso; aunque los gestos afectuosos eran naturales en ella con los niños, con Daniela e incluso con Jonathan y el viejo Celis, con él seguía siendo muy reacia a los mimos. Ambos lo eran.Leónidas se tensó y giró bruscamente, encontrándose con Talina.—¿Talina? —exclamó, retrocediendo un paso mientras la confusión se transformaba en rechazo—. ¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste?Ella sonrió con una dulzura que a él le resultó agobiante, acortando la distancia de nuevo.—Amor, ¿por qué te asombras? Antes te agradaba que estuviera cerca de ti —dijo ella, acariciándolo con naturalidad—. Te necesito. Leónidas, no me has dicho nada sobre mi embarazo… solo te pido que durmamos juntos, no que me hagas el amor. Déjame quedarme aquí; tu hijo y yo necesitamos tu presencia, tu protección.Él se alejó, tomó una toalla y se la envolvió a la cintur
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