Capítulo 113 Un sitio donde vivirReinaldo tocó levemente la mano de Daniela y le dijo:—No pasa nada, Ariana. Tu mamita se pone nerviosa cada vez que tardas aunque sea un poco, o quizás es que le aburre mi compañía.El comentario despertó la reacción que esperaba el viejo Celis, como planeó, enseguida Daniela comenzó a disculparse.—Claro que no. ¿Cómo dices eso? Tu compañía es muy grata, es solo que mi hija nunca tarda tanto.—Es que tuve un inconveniente, pero ya ves, aquí estoy.La mirada de Daniela seguía fija en ella, escudriñando su rostro, y Reinaldo interrumpió de nuevo.—¿Les traigo algo de comer? ¿Una merienda, acaso?Daniela hizo un gesto de fastidio.—Que sea algo delicioso, estoy cansada de comer sopitas y frutas.—Claro que sí, mujer. Enseguida te traigo algo exquisito. Ven, Jonathan, acompáñame.Al salir ellos, Ariana buscó su silla y se sentó cerca de ella.—Mamita, ¿qué fue todo eso? —preguntó Ariana—. Tú y el señor Celis, tratándose así...—¿No crees que eso debería
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