Capítulo 102 El momento de conversar—Duérmanse los dos, ya es muy tarde —les susurró con esa voz autoritaria que solía usar en la oficina, aunque esta vez carecía de verdadera dureza.—Ella no nos gusta, tío. Y Ariana está triste aunque trate de sonreír —insistió Elías, ignorando la orden de silencio.Leónidas sintió un peso insoportable en el pecho. Sus sobrinos, los hijos de Graciela, a los que juró proteger con su vida, estaban sufriendo las consecuencias de sus malas decisiones. Se acercó a la cama de Elías y acarició su cabello con una ternura que guardaba solo para ellos.—¿Cómo te sientes? ¿Te duele la mano? —susurró Leónidas, cambiando el tono a uno mucho más suave, casi vulnerable.—Un poco, pero Ariana me dio medicina —respondió, pero sus ojos seguían fijos en los de su tío, esperando una respuesta real.Leónidas suspiró y volvió a acomodarles la manta.—Les prometo que todo se resolverá —sentenció. Esta vez no era solo una frase para calmarlos; era una declaración de guerr
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