POV. AdrianLa espera fue una forma de tortura más refinada y cruel que cualquier amenaza directa. En la casa de la costa, el tiempo se había solidificado en una masa pesada de ansiedad. Cada minuto que pasaba era una afrenta, un recordatorio de que Amelia estaba sufriendo mientras nosotros estábamos atrapados en una inercia impotente. Me movía como un fantasma por la habitación, incapaz de sentarme, incapaz de pensar en nada más que en el rostro de Amelia, en la sonrisa de Arthur, en la promesa que le hice a El Sombrío.Dominic estaba en la terraza, su voz un murmullo constante y urgente en el móvil, coordinando la llegada de su equipo. Mi padre se había sentado, con la cabeza entre las manos, la imagen viva de la derrota. Betty intentaba inútilmente servir café, un gesto de normalidad que solo destacaba la anormalidad de nuestra situación.Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, Dominic entró, su rostro una máscara de pura concentración.—Están aquí —dijo, su voz cortan
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