POV. Amelia Aquella noche, el ambiente en nuestro dormitorio se sentía extraño, como si algo invisible hubiera cambiado entre nosotros. Adrian estaba junto a la ventana, con la mirada perdida en la ciudad iluminada, sosteniendo el marco con una mano, los hombros tensos bajo la luz tenue que entraba desde fuera. Llevaba aún el pantalón del traje, y su silueta, firme y contenida, parecía cargar más de lo que decía.Me acerqué despacio, casi con cautela, y rodeé su cintura con mis brazos, apoyando la mejilla contra su espalda tibia. Sentí cómo su respiración se detenía apenas un segundo antes de volver, más profunda. No dije nada; no hacía falta. Había aprendido a reconocer esos momentos en los que él se refugiaba en sí mismo. Mis dedos se entrelazaron sobre su abdomen, y me quedé ahí, sosteniéndolo en silencio, esperando a que, a su manera, decidiera volver a mí.—¿Estás nervioso? —pregunté, mi voz un susurro en el aire tranquilo.Él suspiró, un sonido profundo y cansado.—No. "Nervios
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