Capítulo 83Arya.El amuleto en la mano de Dorian parecía una brasa ardiendo contra la nieve. No era solo un pedazo de madera; era el vínculo físico con nuestro hijo, y verlo roto me provocó tantas náuseas que casi me dobla el cuerpo.Dorian se puso en pie, y el aura que emanaba no era humana. Era Morvak, su lobo, reclamando el control, tensando cada músculo bajo su piel.—Dorian, mírame —susurré, agarrando su antebrazo con fuerza—. Necesito que tu mente esté aquí. Si entras como una bestia, lo matarán antes de que cruces el umbral.Él soltó un gruñido bajo, pero asintió. Su mandíbula estaba tan apretada que temí que sus dientes estallara.—Si le han tocado un solo cabello, Arya... no quedará nada en este Valle.—Entraremos —dije, mirando la grieta oscura entre las rocas—. Pero lo haremos con inteligencia. Caín, vigila la retaguardia con Jarek. Silas, conmigo.Nos internamos en las Grutas de Cristal. Las paredes de la caverna estaban cubiertas de cuarzos y formaciones salinas que refl
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