Capítulo 91Arya.Tras la cena, el calor del hogar comenzó a desvanecerse, sustituido por la realidad gélida que aguardaba tras los muros de piedra de la mansión Blackwood. Dorian se había quedado dormido en el sillón frente a la chimenea, vencido finalmente por el agotamiento. Su rostro, aunque pálido, había perdido esa rigidez que la plata le imponía.Me quedé observándolo unos minutos, dejando que el silencio me envolviera. En mi regazo descansaba el diario de mi madre, el objeto que había desencadenado esta tormenta. —No te queda mucho tiempo de paz —la voz de Silas salió de entre las sombras del pasillo.El anciano entró con paso lento, apoyándose en su bastón. Se detuvo a unos metros de Dorian, observando su pecho que subía y bajaba con regularidad esperanzadora.—La purga ha sido exitosa —continuó Silas en un susurro—, pero mañana, su voluntad tendrá que hacer el trabajo que sus músculos no pueden realizar.—Dorian es fuerte, Silas —respondí, cerrando el diario con cuidado—. P
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