Capítulo 83.
Capítulo 83
Arya.
El amuleto en la mano de Dorian parecía una brasa ardiendo contra la nieve. No era solo un pedazo de madera; era el vínculo físico con nuestro hijo, y verlo roto me provocó tantas náuseas que casi me dobla el cuerpo.
Dorian se puso en pie, y el aura que emanaba no era humana. Era Morvak, su lobo, reclamando el control, tensando cada músculo bajo su piel.
—Dorian, mírame —susurré, agarrando su antebrazo con fuerza—. Necesito que tu mente esté aquí. Si entras como una bestia, lo