MICHAEL Dos semanas.Eso es lo que llevamos compartiendo el mismo techo y, aun así, a veces siento que sigo caminando sobre hielo delgado. Cada día es un ejercicio de paciencia, de cuidado extremo, como si cualquier movimiento brusco pudiera hacer que Raquel se cerrara de nuevo… o que el mundo nos cayera encima.Los reporteros no se rinden.Cambian de turno, de caras, de estrategias, pero siguen ahí. Afuera del edificio, apostados como si esperaran que la verdad se les cayera sola en las manos. He aprendido a salir por la puerta lateral, a coordinar horarios, a usar coches distintos. No por mí. Por ella. Por los bebés.He hablado con el departamento legal más de una vez. Comunicados sobrios, nada de exclusivas, nada de declaraciones emocionales. Estamos atravesando un proceso personal, pedimos respeto, no habrá más comentarios. Calmar las aguas no es silenciarlas, es cansarlas. Y eso lleva tiempo.En casa, todo es más… frágil.Raquel se mueve con cuidado, no solo por el embarazo, sin
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