MICHAEL El ruido del centro comercial me golpea apenas cruzo las puertas, una mezcla de voces, pasos, música de fondo y movimiento constante que contrasta demasiado con el silencio controlado que dejé en casa. Por un instante me quedo quieto, con las manos en los bolsillos, observando a la gente ir y venir como si cada uno tuviera claro a dónde va, qué busca, qué necesita… y yo, en cambio, me siento suspendido en medio de todo eso, con una lista mental que no deja de cambiar, de crecer, de volverse cada vez más exigente.Empiezo a caminar sin detenerme demasiado en un punto fijo, repasando una y otra vez lo que ya decidí: no necesito algo exagerado, no necesito impresionar a nadie… solo a ella. Pero incluso esa idea, que debería simplificar todo, termina pesando más de lo que esperaba, porque Raquel no es “solo alguien”. Es todo. Y entonces cada detalle empieza a parecer insuficiente.Paso frente a una tienda y me detengo apenas, observando sin entrar realmente, imaginando escenarios
Leer más