Sharon Foster.La cabeza me dolía hasta el punto que sentía que el cerebro me iba a explotar, porque puedo jurar que percibía con mucha claridad como este palpitaba contra las paredes de mi cráneo. Quería, juro por Dios que quería, abrir los ojos, pero era como si mis parpados hubiesen comenzado a pesar una tonelada de un segundo a otro. Como si la gravedad misma quisiera aplastarme, podía sentir como cabeceaba sin lograr mantener la cabeza erguida ni siquiera por un segundo.Respirar dolía, como si algo estuviera aprisionando mis costillas o como si mis pulmones comenzaran a quemarse con cada bocanada de aire que trataba de inhalar. Estaba confundida, no entendía dónde estaba, como había llegado aquí o si quiera cuando tiempo había pasado sumergida en la inconsciencia.Sentía la boca seca, con un sabor desagradable que no lograba identificar y mucho menos describir, las náuseas nacían en mi estómago y subían hasta mi garganta dejando una sensación ardiente y asquerosa que hacía que m
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