POV: AuroraLa guerra no tiene música de fondo. Tiene un ritmo cardíaco colectivo que suena como un tambor roto.Estábamos en la llanura frente a la Ciudadela de Obsidiana. Tres mil almas a mi espalda. Frente a nosotros, las puertas negras de la fortaleza se abrieron, vomitando un ejército de sombras y metal.La Guardia del Eclipse salió primero, en formación de falange, con escudos de energía roja levantados. Detrás de ellos, máquinas de asedio —catapultas mágicas que lanzaban esferas de fuego griego— y brujos oscuros flotando a tres metros del suelo, con túnicas que parecían tejidas con humo.—¡Mantened la línea! —gritó Lucian.Su voz, amplificada por un hechizo de viento, llegó a cada soldado de nuestra alianza.Estaba a mi derecha, rodeado por un círculo de arqueros de Silvercrest y brujas del Oeste. Sus manos brillaban con una luz azul pálida, preparando una barrera de hielo masiva.Kieran estaba en el centro, liderando la carga de los lobos pesados. Ya se había transformado. Su
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