POV: AuroraLa unidad no se forja con discursos. Se forja con sudor.El Valle del Santuario ya no olía a pino y nieve virgen. Olía a vestuario de gimnasio multiplicado por mil. Olía a testosterona, a tierra removida y a ese aroma metálico y agrio que surge cuando trescientos depredadores se ven obligados a compartir un espacio demasiado pequeño.Estaba sentada en una caja de municiones, con Aria dormida en mi pecho (protegida por orejeras mágicas que amortiguaban el ruido), observando el caos controlado que Kieran llamaba "instrucción básica".—¡Más rápido! —rugió Kieran.Estaba en el centro de la arena improvisada, sin camiseta, con el torso brillando bajo el sol pálido. Su voz era un látigo.Frente a él, dos lobos se enfrentaban.Uno era de Blackthorn. Un chico joven, robusto, que peleaba con fuerza bruta. El otro era de Silvercrest. Más delgado, más rápido, que peleaba con técnica y esquivas.Se odiaban. Lo veía en la forma en que enseñaban los dientes, en cómo buscaban hacer daño
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