Giorgio ni siquiera lo dudó, no iba a permitir que culpen a su esposa por una inmadurez de Chiara. Mucho menos cuando quien más resultó afectado, fue un inocente, como Marcelo. La imagen de su hermano en la cama, inmóvil, con tubos conectados al pecho, volvió a su mente con una violencia brutal. Giorgio apretó los puños. Por primera vez desde que había salido de la UCI su respiración cambió. —Mi hermano está en coma —dijo, su voz fue baja, llena de una contención que apenas se sostenía—. Así que mide tus palabras. Adriano no retrocedió. —Mi hermana pudo haber muerto. —Pero no murió —intervino Matteo. —No voy a permitir que conviertas esto en un tribunal —dijo finalmente Giorgio—. No aquí, no ahora. Stefano habló por primera vez desde que él había salido de la UCI. —Entonces mantén a tu mujer alejada de nuestra familia, señor Marchesani. Matteo giró el rostro hacia su padre con incredulidad. Lucrecia cerró los ojos, agotada y Adriano no apartó la mirada de Giorgio. Fiori
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