Seis años después.La manada de Theo prosperaba como nunca antes.Las casas se habían multiplicado, los territorios eran seguros y las alianzas con otras manadas habían fortalecido todo el reino. La Garra plateada florecía, y los caminos entre las manadas eran recorridos con frecuencia por guerreros, comerciantes y familias.Pero aquella tarde, el claro principal estaba ocupado por algo mucho más importante.Niños.Risas infantiles llenaban el aire mientras corrían entre los árboles.Los mellizos de Hans, Damiano y Lucian, jugaban con el pequeño Harlan, que ya tenía seis años.El niño de cabello blanco corría delante de ellos con una sonrisa traviesa.—¡No me alcanzan! —gritó riendo.—¡Sí podemos! —respondió Damiano, lanzándose tras él.Lucian intentó rodearlo para atraparlo, pero Harlan se deslizó entre ellos como un pequeño lobo ágil.Los tres terminaron rodando por el pasto entre carcajadas.—¡Te tengo! —gritó Damiano, saltando sobre Harlan.Pero al caer, su pie se enredó con una r
Leer más