Sin saber que sus verdaderos hijos llevaban horas muertos, arrancados de ellos por un destino cruel… y por su firma, por él mismo, que había autorizado todoEl médico entró a la habitación con dos cunas, los mellizos, se los pusieron con cuidado en los brazos a Melanie, ella los sostuvo como si de verdad tuviera en las manos lo más valioso del mundo, les habló bajito, les cantó una canción suave, lloró de pura felicidad Y él, al verla así, sintió una ola de alegría enorme, un alivio que casi le hizo olvidar todo, ver a Melanie con “sus hijos” en brazos le encendió algo en el pechoAhora entendía por qué su madre y Rebeca habían notado “algo” en su mirada ese día, era felicidad real, la de un hombre que cree que le dieron el mejor regalo del mundo, además, en esos gemelos él sí creyó ver algo suyo, esa misma sensación que tuvo cuando los vio en las incubadoras, un gesto, un rasgo mínimo que su cabeza tomó como prueba de que eran sus hijosAhora, recordándolo todo con claridad, se pregu
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