Sin saber que sus verdaderos hijos llevaban horas muertos, arrancados de ellos por un destino cruel… y por su firma, por él mismo, que había autorizado todo
El médico entró a la habitación con dos cunas, los mellizos, se los pusieron con cuidado en los brazos a Melanie, ella los sostuvo como si de verdad tuviera en las manos lo más valioso del mundo, les habló bajito, les cantó una canción suave, lloró de pura felicidad
Y él, al verla así, sintió una ola de alegría enorme, un alivio que casi le