—¿En verdad eres tan feliz con Fernando como dices? —Martha preguntó, frunciendo el ceño. No creía que todo fuera miel y dulzura en la relación de su hija. Tenía que haber algo, siempre lo había.Entonces, Sofía dudó. ¿Lo era? Con todo lo que estaba pasando con Eliza, los había distanciado. No sabía en qué punto estaba ahora con su novio, y le daba miedo que todo lo que sentía por él se esfumara. Mucho más, considerando lo que estaba ocurriendo, aunque, a pesar de todo, confiaba en Fernando.—Lo ves. —Martha señaló a su hija con un gesto triunfante; había notado la duda en los ojos de la rubia—. Algo me dice que aún amas a Hugo y, tal vez, después de todo esto, ustedes puedan ser felices por fin. Sé por qué hice lo que hice, pero ahora todo es perfecto. Tu padre está bien, la empresa también, y Hugo es ahora un hombre que está a nuestra altura, que...—¡Para, para! —Sofía alzó las manos, visiblemente confundida—. ¿De qué hablas? —No entendía de qué estaba hablando su madre.—Oh, creo
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