Con la noche en lo alto y la presencia de Kaelan al otro lado de la cama, Lyra estaba apenas sobreviviendo al momento. El clima cálido llenaba la habitación, y las sábanas aunque suaves, se sentían repentinamente incómodas. Aún podía sentir las manos de Kaelan alrededor de su cintura, apretando con dedos diestros, acercándola un poco más mientras le susurraba alguna tontería al oído. Fue un gesto simple, pero entre dos personas como ellos, enemigos y ahora esposos sin remedio, comenzaba a ser una de las tantas gotas que llenaban el saco de arena y estaban destinados a hacerlo explotar. Lyra se movió apenas en la cama, con los ojos cerrados y la respiración contenida. La presencia de Kaelan era fuerte, un manto que la tenía pensando en mil cosas que no debería. Ella era una mujer hecha y derecha, con necesidades y deseos que había pospuesto demasiado tiempo. Unos que parecían estar listos para explotar. Ser una princesa tenía sus ventajas, así como desventajas que la ponían en jaq
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