Aiden sintió un escalofrío recorrer su vientre al verla. La luz de esa tarde, filtrándose a través de las cortinas, sobre su piel desnuda, resaltando cada curva, cada sombra. Su cuerpo, antes oculto, ahora se revelaba en toda su gloria, una invitación silenciosa que Aiden no podía ignorar.Charlotte, con una sonrisa enigmática, se movió con gracia, sus ojos fijos en los de él. La distancia entre ellos se acortó, cada paso un latido en el pecho de Aiden. La erección, que había cesado momentáneamente, resurgió con fuerza, una promesa de lo que estaba por venir.—¿Qué harás ahora, Aiden? —preguntó Charlotte, su voz suave como la seda, un susurro que se clavó en su mente.Aiden, sin poder apartar la mirada, extendió la mano, sus dedos temblorosos rozando la piel de su muslo. La suavidad, la calidez, lo volvieron loco. Sintió el deseo arder en su interior, una llama que amenazaba con consumirlo. —Lo que tú quieras —respondió, su voz ronca, apenas audible.Charlotte sonrió, un destello de t
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