Cuando tu hijo existe simultáneamente en mundo de vivos y muertos, cada abrazo es mitad tangible y mitad fantasmal, y maternidad se vuelve ecuación cuántica de afecto.Nexus estaba frente a mí, pero no completamente. Podía ver a través de él. No como si fuera transparente, sino como si la realidad hubiera decidido que solo tenía derecho a existir al cincuenta por ciento. Su mitad izquierda lucía sólida, cálida, viva. La derecha parpadeaba entre lo tangible y lo etéreo, como si la muerte y la vida negociaran constantemente su territorio en ese pequeño cuerpo de diez años.—Mamá —dijo, y su voz sonaba normal. Completamente normal. Eso de alguna manera lo hacía peor—. Puedo ver... todo.Me arrodillé frente a él, extendiendo las manos. Dudé. ¿Podía tocarlo? ¿Debía intentarlo? &
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